Lo que el Running me enseñó sobre por qué nadie debería aprender música solo.
En que se parece correr una maratón con el aprender musica?

Lo que el Running me enseñó sobre por qué nadie debería aprender música solo.
Hace poco más de seis meses me dio por empezar a trotar. No les voy a mentir: lo hice por pura salud y por la insistencia de alguien cercano que es maratonista y me quería meter en el cuento. Ese primer día, me puse los tenis más viejos que encontré, la ropa más desgastada y salí con una idea en la cabeza: "A ver, es correr... ¿qué tan difícil puede ser poner un pie delante del otro?".
Subestimé el deporte por completo. Pensé que era solo sudar y ya.
Pero cuando la cosa se puso seria, me di cuenta de que no tenía idea de nada. Empecé a entender de ritmos, de alimentación y, sobre todo, entendí que necesitaba un entrenador. Él me abrió los ojos a un mundo que yo, en mi ignorancia, creía que no existía. Y ahí fue cuando hice el "clic" con lo que vivo cada día en el estudio.
El cuento del "yo aprendo solo"
A mucha gente le pasa lo mismo con la música. Ven a alguien en Instagram disfrutando de su instrumento o cantando con una facilidad increíble y piensan: "Se ve fácil, yo me bajo un tutorial y listo". Muchos arrancan así, de forma empírica, con un video de YouTube o con un amigo que les enseña un par de cosas. Y está bien para empezar, pero llega un punto donde ese camino se queda corto.
Si hay tantas formas "baratas" de aprender, ¿por qué alguien pagaría un profesor? Bueno, por lo mismo que yo busqué un entrenador de Running: para avanzar más rápido, para no cansarme a los cinco minutos y, sobre todo, para no hacerme daño.
El cuerpo es el verdadero instrumento
Sin importar si tocas la guitarra, el piano, la batería o si tu instrumento es la voz, un buen profe no está ahí solo para pasarte la letra o los acordes de una canción. Está ahí para enseñarte a usar tu cuerpo y tu mente de manera artística. Mucha gente cree que interpretar es cuestión de imitar mediante "hacer fuerza", cuando en realidad se trata de fortalecer los músculos correctos y aprender a relajarse.
He recibido alumnos que vienen de aprender solos y me da mucha tristeza ver que, por el afán de sacar canciones rápido, se están haciendo un daño físico real. Tienen tensiones en el cuello, en las manos o en la garganta que les impiden sonar bien. Es como construir una casa: si no echas buenos cimientos, tarde o temprano se te viene abajo todo lo que construyas encima. El profe es el que te enseña a calentar, a preparar el cuerpo y a que la técnica no sea un martirio, sino la llave que te da libertad.
El famoso "arroz con huevo"
Aquí es donde la cosa se pone interesante. Interpretar música es como cocinar. Imagínense que quieren hacerse un arroz con huevo. Por pura imitación o por leer una receta pueden lograr que el plato se parezca, pero si no han cocinado con alguien que les pueda indicar los tiempos de cocción y como colocar el orden de los ingredientes, pues, al intentar hacerlo solos tienen gran chance de que les vaya a quedar un arroz pegachento, sin sal y con los huevos crudos. Se lo pueden comer, sí, pero no sabe rico.
Con la música pasa igual. Si no entiendes la teoría, si no "escudriñas" lo que el autor quería decir, la música suena sosa. El profe te ayuda a leer más allá de las notas; te ayuda a entender por qué un sonido va ahí y no en otro lado. Sin ese análisis, puedes interpretar mil piezas distintas, pero al final todas te van a "saber" a lo mismo.
Lo que un video no puede hacer por ti
Hay algo que un tutorial de YouTube jamás va a tener: oídos. Un video no te escucha, no te corrige, no siente cuando estás frustrado o cuando te falta aire.
En mis clases, gran parte del tiempo lo dedicamos a la escucha activa. Yo necesito oír a mi estudiante para saber en qué está fallando al transmitir un sentimiento. Al final, los músicos somos como "actores" de las emociones de otros, y eso no se logra sin una charla, sin preguntas y sin esa interacción humana de ida y vuelta que solo te da alguien que está ahí contigo.
Pulir el diamante
Para cerrar, creo que la verdadera razón para tener un maestro es esa conexión. La música no existe si no podemos interactuar. Cuando tienes a alguien al lado que te muestra el camino para que tu ejecución pase de ser una piedra ruda a un diamante pulido, la satisfacción es otra cosa. Ese momento en el que alcanzas la excelencia y te das cuenta de lo que eres capaz de transmitir... eso no tiene precio.
Al final, invertir en un buen profe es invertir en vida. Es ahorrarte años de frustración y ganar a un guía que te enseñe con pasión y paciencia.